Existen casos en los que, salvo situaciones especiales, la baja de un activo financiero resulta fácil de establecer. Por ejemplo, la   de títulos, tanto representativos de deuda como de capital emitidos por otras sociedades, cuando proceden de compras realizadas previamente por la empresa y cuando no existen pactos de recompra u otras condiciones limitativas, da lugar generalmente a la baja del activo financiero enajenado. En estos casos, se reconoce un ingreso o un gasto por la diferencia entre el valor en libros del activo financiero que se ha dado de baja y el valor percibido por su venta.

En el otro extremo, en determinadas operaciones habituales, tales como el descuento de efectos comerciales, generalmente no existen dudas sobre la no procedencia de la baja del activo financiero, ya que, en caso de impago, la empresa que ha entregado los efectos debe satisfacer a la entidad financiera el valor anticipado. Cuando se da esta circunstancia, el activo financiero cedido seguirá figurando en la posición financiera de la empresa, mientras que el valor recibido por su cesión se reconocerá como pasivo financiero, representando la deuda existente con la entidad financiera, hasta que, llegado el vencimiento, el efecto sea atendido o, en caso de impago, la empresa cancele el pasivo mediante el resarcimiento de dicha deuda.

 

 

 

Tomado de Orientación Técnica sobre la aplicación de la NIIF para las Pymes  -Consejo Técnico de Contaduría Publica